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Hoy es Martes 07 de Septiembre de 2010

El proceso de incluir a los hombres

EDUARDO LIENDRO

Desde que la categoría de género comenzó autilizarse en diversos análisis de la realidad social, ha incluido mujeres comohombres. Sin embargo, en la práctica, este ha sido un enfoque que se ha identificado principalmente con la situación y condición de las mujeres. Esto puede explicarse por el interés político de comprender los mecanismos de sujeción y opresión de las mujeres, como también porque la mayoría de losanálisis desde una perspectiva de género han sido realizados por mujeres interesadas en dar explicaciones de las inequidades de poder en cuanto a las propias mujeres en la sociedad y ofrecer formas de de-construir las relaciones opresivas y crear espacios de autonomía y auto-determinación.

Si revisamos una propuesta de la Organización Internacional del Trabajo, "el término"género" surge como un instrumento analítico, a partir de la conciencia cada vez mayor de las desigualdades debidas a las estructurasinstitucionales. No se fija en las mujeres como grupo aislado y homogéneo, sinoen los roles y necesidades tanto de los hombres como de las mujeres: un enfoqueque requiere aportaciones de unos y de otras con el fin de realizar los cambiosnecesarios para alcanzar mayor igualdad entre ellos, puesto que más queintegrar a las mujeres en un proceso de desarrollo dado, se trata de construirun modelo nuevo que modifique aquellas relaciones de poder basadas en lasubordinación de las mujeres". (OIT, 2002).

Aunque esta definición es amplia, todavía el análisis e intervención en género está centrado en las mujeres y es todavía escasa la atención a los roles y necesidades de los hombres o a la interacción entre ambos, de tal forma que permita realizar cambios hacia una mayor igualdad.No se trata de una argumentación lastimera de "todavía no nos toman encuenta", sino de una inclusión estratégica para incidir más fuertemente enlas estructuras de discriminación y ofrecer alternativas no-opresivas deconvivencia, otras formas de ser y de relacionarse a las generaciones encrecimiento. Los nuevos modelos basados en relaciones de poder deno-subordinación están por construirse y tanto las mujeres como los hombres son estratégicamente necesarios para que esto sea posible.

Muchos de los análisis sobre el enfoque de género en Latinoamérica de los años 80 y 90 desarrollaron algunas reflexiones sobre lacondición de las mujeres y concluían con una breve apelación para que loshombres se incorporaran en futuros análisis y búsquedas de alternativas pararelaciones de equidad. Es hasta mediados de los 90 queinicia la incorporación de los hombres desde la reflexión teórica-académica ydesde la reflexión práctica de la acción. Este proceso no hubiera sido posiblesin el apoyo y la apelación de mujeres feministas que empujaron a muchoshombres a reflexionar sobre su propia experiencia y sus posibilidades decambio. Tanto en México como en la mayoría de los países latinoamericanos eltrabajo teórico y práctico con hombres ha sido realizado con una fuerte presióndel movimiento amplio de mujeres; gracias a ello, muchos hombres iniciamos unabúsqueda que nos explicara y nos diera un lugar social y cultural diferente.

Desde la creación de los primeros grupos y organizaciones que trabajaron con hombres a principios de los 90, las mujeres han estado apoyando en lo individual y organizadamente para que esto suceda y crezca. No es una casualidad que las diferentes expresiones de trabajo directo con hombres en los diferentes países de la región hayantenido el respaldo inicial de mujeres y grupos feministas, dando apoyo moral ysocial e incluso importantes recursos. Tampoco ha sido casualidad que losprimeros estudios sobre masculinidades se hayan desarrollado al amparo de losprogramas de estudios de género de institutos y universidades públicas yprivadas, dirigidos por mujeres.

Los estudios de género más recientes, realizadosprincipalmente por académicas feministas, en la medida en que se han enfocado aanalizar también a los hombres, han facilitado que algunos hombres hayan podidoreconocer su valor analítico para reinterpretar su condición social ysubjetiva. Sin embargo, hasta ahora todavía hay una cierta desvalorización,junto con una indiferencia e ignorancia, para utilizar las herramientas conceptualesdel enfoque de género en los estudios de hombres, cayendo muchas veces enanálisis superficiales y mecanicistas.

El aporte feminista de los estudios de géneropareciera ir adelante en el debate de las relaciones de género con énfasis enla condición de las mujeres. Sin embargo, estos mismos aportes son de granutilidad para comprender la condición de los hombres: la relación entre lopúblico y lo privado, la construcción de las identidades de género, losmalestares de género, la relación entre cuerpo, género e identidades, lassujeciones y el poder en la vida cotidiana, la sexualidad y el placer, losderechos sexuales y reproductivos, las inequidades institucionales yculturales, sólo por nombrar algunos aportes como piezas claves para comprenderel llamado rompecabezas de la vida de los hombres.

 DE LA MASCULINIDAD A LAS MASCULINIDADES

Uno de los conceptos que marcó la época inicial deestas reflexiones a principios de los años 90, fue el de masculinidad comouna forma de enfatizar el carácter social de los hombres y la construcción derelaciones sociales desde una óptica y lógica masculina. Este enfoque tambiénenfatizó el papel opresor de los hombres como grupo genérico y tendía a buscarregularidades que dieran cuenta de las dimensiones institucionales yestructurales de las desigualdades de género. Por lo mismo, muchos de lostrabajos con hombres desde esta perspectiva se llamaron "estudios de lamasculinidad"; igualmente, muchos trabajos de intervención educativa congrupos de hombres adoptaron este enfoque, el que apelaba a reflexionar sobre lamasculinidad, los estereotipos y los roles de género en la vida de susparticipantes. Uno de los puntos medulares de este enfoque fue el análisis dela construcción de la masculinidad o del cómo los hombres se hacen como tales ypor qué se identifican con determinados patrones valóricosy conductuales comunes.

Este enfoque, que privilegiaba el análisismacro-social del poder, entendido como patriarcado, ha tenidovarias debilidades que han propiciado la búsqueda de nuevos paradigmas que locuestionen y enriquecen. Uno de los problemas más importantes ha sido sureiterada búsqueda de generalidades que ocultaban las diferencias entre loshombres; esto, aunado a que faltaba una articulación de manera más compleja conlas discriminaciones de género, así como con otro tipo de discriminaciones comolas étnicas, de edad, de orientación sexual y de clase social. La abstraccióndel análisis social desde el poder estructural llevó a dejar a un lado laspercepciones subjetivas de género entre los hombres y de esta manera centrarseen la reproducción social de la dominación de género, dejando en segundo planola exploración de posibilidades de cambio personal y grupal. Con este enfoque de "la masculinidad" muchoshombres se sentían fácilmente culpables, pues de la opresión de género seresponsabilizaba a los hombres en general como grupo y en lo individual cadahombre era responsable por esta opresión de todos, sin importar su condición yposición social particular.

Poco a poco, este tipo de análisis sobre el trabajocon hombres, útil para hacer un posicionamiento político y hacer visible lasinequidades macro-sociales de género, fue matizado por análisis que intentarondar cuenta de la complejidad de las relaciones sociales, incluidas las degénero. Digo matizado, pues el anterior paradigma sigue siendo utilizado y elactual no acaba de desarrollarse plenamente como para ser reconocido y aceptadoen los diferentes medios.

Otra vertiente que ha enriquecido el análisis hasido el de las ciencias sociales, especialmente aquél que ha incorporado losaportes de Gramsci, al distinguir entremasculinidades hegemónicas o dominantes y masculinidades subalternas osubordinadas, dando espacio a pensar en una diversidad desde el poder entre lospropios hombres. Otra contribución importante ha sido la problematizacióndel poder como un bien circulante, así como la relación entre los macro y los micro poderes desde el análisis de Foucault.Igualmente importantes han sido las categorías de habitus,estigma y poder simbólico, desde el análisis social de la dominación masculinade Bourdieu. Sin embargo, aún son tímidos losintentos de problematizar desde un enfoque críticosobre problemáticas de grupos de hombres específicos que profundice losanálisis; todavía hay mucho que aprender de los estudios de género y de lasciencias sociales al intentar comprender la vida de los hombres.

Un escenario más reciente a partir de estosdesarrollos conceptuales, está dado por la descripción de la diversidad demaneras de ser hombre, donde el concepto de masculinidades cobraespecial importancia al intentar dar cuenta de las diversos contextos ysubjetividades entre los hombres a partir de la condiciones: urbano, rural,occidental, indígena, mestizo, orientación sexual, edad, clase social, etc....que nos hablan de diversas masculinidades, concaracterísticas y necesidades diferentes, en contextos sociales, culturales ehistóricos específicos.

La exploración reflexiva y crítica de estas diferentesformas de ser hombre es indispensable para conocer las complejidades en que sedan las relaciones de género y el lugar que toman los hombres en esosdiferentes contextos. Al mismo tiempo, no podría entenderse la evolución de lasdiferentes concepciones de ser hombres, incluidas las dominantes y opresivas,sin dar cuenta del entramado de relaciones sociales entre hombres y entrehombres y mujeres, en los diferentes contextos socioeconómicos y culturales enque ocurren.

LA VISIÓN MASCULINA DEL PODER

Uno de los puntos medulares que han arrojado losestudios de género ha sido una cierta concepción dominante del poder, tanto enlas relaciones interpersonales como en la manera en que se organiza lasinstituciones públicas, se concibe el desarrollo económico, se convive con lanaturaleza, se resuelven los conflictos internacionales, e incluso hasta en laforma en que se ha desarrollado la producción del conocimiento mismo.Coincidentemente las formas de vida desarrolladas bajo esta concepción depoder, están fuertemente teñidas por una visión masculina dominante, ejercidaprincipalmente por hombres, pero también por muchas mujeres.En el debate sobre la equidad degénero y la manera de implementar los programas en esa dirección, este es unpunto medular en el que se pone el acento en la raíz de la discriminación y lasdesigualdades de género. Igualmente, es lo que diferencia el enfoque de génerode otros enfoques que analizan las relaciones sociales a partir del sexo.

La violencia es la expresión extrema de estainequidad de poderes y más que un tema o problema aislado, atraviesa todas lasrelaciones y problemáticas de la vida cotidiana donde la inequidad y ladiscriminación entretejen los sistemas de sexogénero.En el trabajo práctico en prevención de violencia con hombres, el cual hemosestado realizando desde hace más de 10 años, hemos podido constatar una ciertaconcepción del poder común en muchos hombres, muy relacionado a las creenciasde superioridad hacia las mujeres, otros hombres y de control hacia ellosmismos (PHRV, CORIAC, 1993-2003). Ha sido recurrente escuchar a cada vez máshombres el reconocer que tienen"problemas depareja", "conflictos familiares", "dificultades en sumatrimonio", donde la causa identificada de manera común es que "ellaquiere hacer lo que ella quiere" (¡!). Es asombroso escuchar de manera tanclara la síntesis de una concepción inequitativa depoder; sin embargo, cuando esto se hace evidente mediante la interpelación"¿y es que tu pareja no puede hacer lo que ella quiere?", muchos deellos responden: "es que todo tiene un límite", denotando cómo cadahombre define de manera unilateral y diferenciada los límites en los cualesconcibe la autonomía de su pareja, así como el papel que él tiene en definirlosde acuerdo a convenciones sociales y culturales singularmente aceptadas.

Esta concepción de poder entre los hombres se puededefinir como dicotómica, excluyente y jerárquica. Dicotómica porque es unaconcepción donde las alternativas son poder o no-poder y no existen alternativasintermedias; excluyente porque se tiene o no se tiene poder de maneraunilateral, y finalmente siempre "alguien" (en singular) tiene quemandar; y jerárquica porque implica una relación de dominiosubordinación,donde unos ganan y otros pierden.

Esta concepción de poder ha sido identificadatradicionalmente como masculinadominante atravesandoa las instituciones sociales, desde el Estado a la familia, e impregna lassubjetividades de los hombres. Esta concepción es profundamente autoritaria yconservadora, donde se antepone la consigna del "orden vertical ante laamenaza del caos de la pluralidad", tal como lo hicieron los principalesdictadores militares latinoamericanos de la década de los 70 y 80 (1).

Esta forma de relacionarse con el poder tambiénafecta a otros hombres, pues está implícita en las relaciones de competenciapor el poder político y los recursos; así mismo, también de manera importantecon el prestigio. Esta misma concepción del poder es la que se expresa en laviolencia entre hombres, una de las principales causas de muertes y heridas enlos hombres adultos en nuestro continente (2).

Otra manera de expresión de esta concepción delpoder se refiere a los hombres mismos, pues está profundamente internalizada y afecta cotidianamente sus vidas: corporal(yo puedo), intelectual (yo lo sé), económica (yo lo tengo) y emocional(reprimiendo sus sentimientos) y medio ambiental(control y explotación delentorno y la naturaleza); es decir, forma parte de la llamada armaduramasculina que se dirige primeramente a controlarse a sí mismo con gravesconsecuencias para ellos y los demás (3).

Un aspecto importante que ha permitido lareproducción social de esta concepción del poder, ha sido su invisibilidad; esdecir, que si bien diversos problemas sociales están protagonizados porhombres, en pocas ocasiones se los relacionan con modelos masculinosdominantes, en parte porque quienes investigan y dirigen las políticas públicasmayoritariamente también son hombres (3).

 LOS HOMBRES Y LAS POLÍTICAS PÚBLICAS DE GÉNERO

El análisis de género de las identidades yrelaciones entre hombres y mujeres lleva implícita una búsqueda ética por lajusticia en la equidad de poderes. Desde hace décadas, numerosas mujeresinsistieron en la necesidad de incorporar a los hombres en este trabajo por laequidad; sus voces no fueron escuchadas y la frustración fue creciendo. Lasordera comenzó a destaparse en la década de los 90 y algunos problemas degénero comenzaron a ser vistos por algunos hombres como problemas que tambiénlos incluía de manera más clara en las causas, pero también, de manera másborrosa, en los efectos. Problemáticas como la violencia de género, lasexualidad, el trabajo doméstico, la maternidad-paternidad, han sido vistospaulatinamente como problemáticas donde los hombres algo pueden decir y hacer afavor de la equidad de género.

Sin embargo, no es hasta Conferencia Mundial dePoblación de Cairo 1994 que la importancia internacional del trabajo conhombres se integra al plan de acción y rige como lineamiento para todos lospaíses firmantes. En su Programa de Acción se expresa la necesidad deincorporar las "responsabilidades y participación del hombre" enla salud sexual y reproductiva. El objetivo declarado apunta a "promoverla igualdad de los sexos en todas las esferas de la vida, incluida la vidafamiliar y comunitaria, y alentar a los hombres a que se responsabilicen de sucomportamiento sexual y reproductivo y a que asuman su función social yfamiliar" (Programa de Acción CIPD 94’. Capítulo IV, punto C 4.25).

Asimismo, se expresan entre las medidas a tomar porlos gobiernos el "promover y alentar la participación del hombre y la mujer en pie de igualdad en todas las esferas de lavida familiar y en las responsabilidades domésticas, incluidas la planificaciónfamiliar, la crianza de los hijos y las labores domésticas"(punto C4.26). También se expresa que "deberían hacerse esfuerzos especialespor insistir en la parte de responsabilidad del hombre y promover laparticipación activa de los hombres en la paternidad responsable, elcomportamiento sexual y reproductivo saludable, incluida la planificaciónfamiliar; la salud prenatal, materna e infantil; la prevención de lasenfermedades de transmisión sexual, incluido el VIH; la prevención de los embarazosno deseados y de alto riesgo: la participación y la contribución al ingresofamiliar, la educación de los hijos...(y) debe hacerse especial hincapié en laprevención de la violencia contra las mujeresy los niños" (punto C 4.27).

Este documento constituye un parte-aguas en materiade política pública, pues nunca antes se había consignado de manera expresa y aeste nivel, la incorporación de los hombres en la responsabilidad yparticipación en salud sexual y reproductiva, la crianza, el trabajo domésticoy eliminación de la violencia. Los países firmantes se han comprometido aincorporar estas recomendaciones como parte de sus políticas públicas yprogramas.

Una pregunta clave para la implementación de estapolítica internacional en los países es ¿qué significa "participación yresponsabilidad" de los hombres en estas problemáticas?. Esta apelación se produce como una forma de demanda porparte de las mujeres, pues han sido las principales interesadas en que loshombres participen de la vida doméstica de una manera radicalmente diferente.Sin embargo, cuando se expresa la necesidad de la participación, nonecesariamente se expresa la inexistencia de los hombres en la vida cotidiana,sino que se interpela por una participación no-opresiva, saludable, equitativade los hombres en la vida diaria y en su interacción con las mujeres y los/asniños/as; esto implica una actitud y una conducta diferentes, que provienen decambios en las creencias y en los valores, los que a su vez implican cambios enlas propias formas de percibirse como hombres; es decir, en su identidad degénero.

Justamente, el concepto de"responsabilidad" se refiere a la necesidad de que los hombres sehagan cargo de manera constructiva en sus relaciones en cuanto a lasproblemáticas de la sexualidad, la reproducción, la crianza, el trabajodoméstico y los recursos para la familia, así como de parar la violencia en elhogar. Lo que se espera, al parecer, es una respuesta de los hombres para quecolaboren con el establecimiento de relaciones de equidad. Según Naciones Unidas, laparticipación masculina vinculada a salud reproductiva considera dos aspectoscentrales: a) la forma en que los hombres aceptan y brindan apoyo a lasnecesidades, elecciones y derechos en la salud reproductiva de sus compañeras yb) el comportamiento sexual y reproductivo propio de los hombres (FNUAP, 1996).

Desde la óptica de algunas redes de mujeres (ForoAbierto de Salud y Derechos Reproductivos, 1999), la responsabilidad yparticipación del hombre se entiende como "aquellos comportamientos yactitudes tendientes a":

•Respetar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

• Asumir una actitud activa en la anticoncepción yen la prevención de ETS, incluyendo

VIH.

• Involucrarse en forma igualitaria en las tareasdomésticas, así como en la crianza

y educación de los hijos e hijas.

• Compartir las decisiones sobre procreación.

• Preocuparse por la salud prey post-natal materna e infantil.

Estas políticas surgen del impulso e intereses delas mujeres, y expresan una legítima preocupación por mejorar su condición almismo tiempo que invitan a los hombres a sumarse a las tareas de reproducciónde la vida cotidiana. Sin embargo es necesario una política más amplia hacialos hombres en materia de salud sexual y reproductiva que retome sus interesesy su propia salud sexual y reproductiva.

Este vacío se debe en gran medida a que estospuntos no han sido reivindicaciones expresadas claramente por los hombres comoderechos a alcanzar. También implica un obstáculo a la hora de sensibilizar yconvocar a funcionarios públicos para aterrizar estas políticas, pues lo vencomo una problemática ajena a sus propios intereses, al mismo tiempo queprefieren fomentar un enfoque paternalista de "ayudar a la mujer" yno considerarlo como algo también de interés propio.

Posteriormente, se ha vuelto a enfatizarinternacionalmente la importancia de la participación de los hombres en laequidad de género en la vida cotidiana. En el informe especial de NacionesUnidas de evaluación del CIPD ‘94 (Cairo + 5, ONU,1999), se expresa que:"Todos los dirigentes a todos los niveles, así como los padres yeducadores deben promover modelos positivos que ayuden a los varones aconvertirse a adultos sensibles a la cuestión de género y les permitan apoyar,promover y respetar la salud sexual y reproductiva y los derechos reproductivosde la mujer, en reconocimiento de la dignidad inmanente de todos los sereshumanos.

Los hombres deben asumir la responsabilidad de supropio comportamiento y salud reproductivos y sexuales. Deben realizarseinvestigaciones sobre sexualidad masculina, la virilidad y el comportamientoreproductivo de los varones". (Punto 50, pág. 13). Asimismo, manifiestan"Procurar que los hombres comprendan sus funciones y su responsabilidad encuanto a respetar los derechos humanos de la mujer, proteger la salud de lamujer,........ compartir la responsabilidad por los quehaceres del hogar y lacrianza de los hijos y apoyar la eliminación de prácticas nocivas...laviolencia sexual y otros tipos de violencia basada en el sexo" (Punto IVA. g).

No obstante, a pesar de la existencia de estoslineamientos internacionales, hay una suerte de contradicción entre discurso ypráctica de diversos funcionarios/as públicos, donde los hombres sonmencionados como población estratégica, pero no son importantes y no figuran enlos programas sociales de equidad de género a la hora de diseño de políticas yasignación de recursos. Los hombres no aparecen o lo hacen de manera pocosignificativa en la institucionalización de la perspectiva de género, que en lapráctica se sigue entendiendo como un enfoque dirigido principalmente hacia lasmujeres.

Un ejemplo de ello son los diseños de los programasequidad de género, así como los planes contra la discriminación, los programasde igualdad de oportunidades y de pro-equidad, que rigen en diversos países lapolítica de género y en donde la política hacia los hombres no está presente olo está de manera colateral, tal vez porque no les toca incluirlos, tal vezporque todavía se entiende la equidad de género como una prioridad necesariasólo hacia las mujeres. Las políticas públicas impulsadas desde los gobiernosde la región tienen el dilema de incluir explícitamente a los hombres de maneraintegral en sus programas, al mismo tiempo que son receptivos a lasnecesidades, intereses y demandas de las mujeres y de los diferentes grupos dehombres.

Un aspecto que ha facilitado esta ausencia, es quelas políticas internacionales dirigidas a los hombres no están siendomonitoreadas (vigilancia y seguimiento), con lo cual quedan muchas vecesincumplidas en la mayoría de nuestros países. Esto se hace más urgente cuandotodavía para muchos funcionarios/as las políticas públicas de género y saludsexual y reproductivas son problemáticas de y para las mujeres, con un enfoqueasistencial de "grupo vulnerable", sin comprender que estasproblemáticas involucran al conjunto de la población.

Un esfuerzo importante fue el realizado por la Redde Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe con motivo de laevaluación de Cairo+5, donde se realizó un monitoreo en cinco países (Brasil,Chile, Colombia, Nicaragua y Perú) de la política antes mencionada,desarrollando ejes temáticos, parámetros e indicadores, basados en el plan deacción de Cairo 94’. Un aspecto muy interesante es que se incluyó a laResponsabilidad Masculina en la Salud Sexual y Reproductiva desde losparámetros jurídicos, de educación, de recursos asignados y de impacto.(RSMLAC, 1998).

Entre las conclusiones destacan algunos avancesposteriores a Cairo ‘94, que han sido implementados, no obstante, de maneraincipiente y desigual en los países estudiados, con avances en la leyes de filiación y pensiones alimenticias, pero contodavía grandes diferencias en el uso de métodos anticonceptivos. Salvo un parde países, no existen recursos asignados para políticas hacia los hombres. Encuanto a procesos, se da cuenta de una incipiente tendencia progresiva entérminos de eliminar las inequidades de género respecto de la sexualidad, lareproducción y la crianza. Por último, se constató la gran dificultad paracontar con información desagregada por sexo, lo que dificultó el monitoreo deuna buen parte de los indicadores.

¿UNA AGENDA DE LOS HOMBRES ?

Existe una tensión entre las necesidades de las mujeres para que los hombres también, y elreconocimiento de los propios hombres de estas necesidades (y otras más) comoimportantes para ellos. Ello implica enfrentar una tensión interna de loshombres en relación a los estigmas sociales y la desvalorización socialaprendidas de lo considerado propiamente masculino. Esto pasa por un cambioprofundo en la valoración subjetiva y en la propia vida cotidiana,principalmente en los hombres heterosexuales que viven en familia.

Un aspecto importante al respecto es preguntarse sies posible una agenda sentida por los hombres como propia. Si bien la políticade Cairo ‘94 apunta a necesidades estratégicas de las mujeresy hombres, es necesario preguntarse si los hombres tienen otras necesidades, ysi estas están en concordancia o no con las ya propuestas; y si se requiere unaatención especial a ciertos problemas no explicitados hasta ahora, peroexistentes entre los hombres. Es decir, ¿la agenda propuesta desde la políticainternacional por las mujeres,corresponde a una agenda demandada por los propios hombres? Obviamente, estaposible agenda de los propios hombres no existe aún, al menos no de maneraintegrada, ni explícita. Algunos piensan que no se les ha preguntado losuficiente, otros creemos que la armadura de las propias creencias masculinas internalizadas no permite ver las propias necesidades, pormás obvias que parezcan.

Problemáticas ligadas a la salud de los hombrescomo el estrés y problemas al corazón, cáncer de próstata, problemáticasligadas a la sexualidad (pérdida de deseo, eyaculación precoz, impotencia,etc.); también los problemas relacionados al trabajo remunerado y la crisis deempleo; así como problemas relacionados a salud mental y la gran dificultadpara expresar las emociones, la depresión, la drogadicción y el alcoholismo;sin dejar de mencionar la violencia entre hombres; o el reconocimiento a ladiversidad de formas de ser hombres y las relaciones entre ellos. Estas sonalgunas problemáticas muy presentes en la vida cotidiana de los hombres queafectan directamente a su sobrevivencia y bienestar,que rara vez están considerados en las políticas públicas de género, y querequieren una atención importante.

También es necesario ampliar y profundizar en lasagendas de trabajo de interés mixto, de mujeresy hombres, que impliquen dobles miradas para un mismo problema; dicha agendadebería trabajarse en paralelo y en forma conjunta, como hasta ahora se harealizado en forma incipiente con la violencia doméstica, la anticoncepción, lasexualidad, la participación del hombre en el parto, la crianza de loshijos/as, por mencionar algunas experiencias en la región.

El trabajo con hombres desde programas específicosen la región, estuvo  protagonizadoprincipalmente por organizaciones civiles con un enfoque de género,pertenecientes al movimiento amplio de mujeres. Progresivamente algunasinstituciones públicas se fueron interesando en desarrollar programasespeciales dirigidos a los hombres. Sin embargo, su proyección e impacto hansido lentos, con interrupciones y seguimiento deficiente, salvo enanticoncepción y VIH-Sida, cuyo monitoreo es permanente.

Si bien ya en la Alemania de 1998 diversos/asintelectuales habían argumentado que "los intereses emancipatoriosde los hombres tienen que ser colocados como tema central en el campo políticode la democracia de género" (Por la democracia de género, 1998); lapregunta clave es ¿a quién le toca impulsar estos intereses de los hombres?.

LOS HOMBRES Y LA DEMOCRACIA DEGÉNERO.

Cuando hablamos de incorporar a los hombres en losprocesos hacia la equidad de género, necesitamos especificar cuáles son losmejores caminos para lograrlo.

Una propuesta innovadora ha sido la de incluir laequidad de género en el proceso de democratización social cuyo proceso es unlargo devenir en nuestros países. Ya en los años 80 diversas movilizacionescallejeras de mujeres en Chiledemandaban: "democracia en el país y en la casa", aludiendo a quecambios políticos, económicos  y sociales,no podían estar ajenos a los cambios en las relaciones de género dentro lasfamilias; veinte años después, lejos de haberse logrado, esa consigna siguevigente para todo el continente.

LibroBöll 12/18/03 10:57 AM Page134

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Uno de los problemas con el concepto de"democracia de género" en nuestra región, es la des-legitimidad delas llamadas democracias en nuestros países. Si bien se han recuperado espaciospolíticos arrebatados por diversos gobiernos autoritarios en los años 70 y 80,en las siguientes décadas se han ampliado las brechas económicas, bajo elsometimiento de los gobiernos locales a los mandatos neoliberales, con laconsiguiente globalización de la pobreza. Lo anterior, también ha traído lapérdida de confianza en los partidos políticos tradicionales y en losresultados de la llamada democracia formal, centrada en los procesospolítico-electorales.

Por lo tanto, se necesitan profundizar yre-significar los contenidos de los proyectos democratizadores, que incluyanlas necesidades de la vida cotidiana de las poblaciones específicas. En estesentido una concepción democratizadora de las relaciones de género puede ser degran ayuda, más aún si toma en cuenta lo avanzado por el movimiento amplio de mujeres e incluye la incorporación decidida de loshombres a esta tarea. Sólo que una empresa de este tipo requiere de definir ycrear condiciones que la hagan posible no sólo como una promesa de cambiofuturo, sino como una realidad progresiva en el presente.

Las propuestas de Anthony Giddensacerca de la democratización de las relaciones íntimas, pueden darnos pistaspara la creación de diversas formas de reracionamiento que rompan los esquemasde inequidad (Giddens, 1992). Según este autor, lademocratización se relaciona con asegurar relaciones libres e iguales quepromuevan:

• La creación de circunstancias en las que la gentepueda desarrollar sus potencialidades y expresar sus cualidades.

• La protección contra el uso arbitrario de laautoridad política y el poder coercitivo.

• El involucramiento delos individuos para determinar las condiciones de su asociación.

• La expansión de la oportunidad económica paradesarrollar recursos disponibles.

En este sentido, para el autor el concepto deautonomía es central, entendida como "la capacidad de los individuos parala auto-reflexión y la auto-determinación: para deliberar, juzgar, elegir yactuar sobre diferentes y posibles rutas de acción. Para ellos los individuosdeberían ser libres e iguales para determinar las acciones de sus propias vidas;deberían disfrutar la igualdad de derechos e igualdad de obligaciones, en lamedida que no nieguen los derechos de otros". (Ibid)

Los mecanismos propuestos por el autor paraasegurar la autonomía en las relaciones íntimas se refieren a:

• Acuerdos explícitos y espacios de negociaciónpermanentes.

• Contrato flexible que sea móvil y fortalezca ladiscusión abierta de la pareja sobre la naturaleza de la relación conposibilidad de volver a negociarla.

• Comunicación libre y abierta, como medio deexpresión de las necesidades individuales y medio por el cual la relación seorganiza reflexivamente.

Si bien es cierto que la responsabilidad porincorporar estas condiciones para la democratización de las relaciones deintimidad y de pareja, es, en última instancia individual, también es necesariopromover procesos colectivos donde mujeres,hombres y grupos mixtos reflexionemos sobre las maneras en que establecemos losvínculos, así como reconocer los malestares que estas formas nos provocan, yexplicitar las necesidades para un bienestar personal y del vínculo. (Liendro, 2002) En este proceso democratizador de la vidacotidiana, los hombres necesitamos iniciar o profundizar en la reflexión y lacrítica de nuestras identidades, así como de las formas de relacionarnos, parapromover cambios que favorezcan nuestra salud física y mental y enriquezcan lasrelaciones basadas en la equidad y la mutua satisfacción.

Un primer elemento clave para un proyectodemocratizador de género incluyente, es considerar las problemáticas de equidadde género dentro de una perspectiva ética de justicia social y derechoshumanos, que involucra al conjunto de la sociedad y no sólo a las mujeres. Esto implica según Judith Astelarra "el desafío de que el rechazo a la jerarquíaentre los géneros también sea asumida por los hombres en los ámbitos públicos yprivados en que participan y se sumen colectivamente al esfuerzo por terminarcon ella". (Astelarra, 2000).

Junto al rechazo a la jerarquía entre los génerosque rompa los pactos y complicidades opresivas en las que participamos,necesitamos establecer nuevos vínculos cotidianos en tres direcciones: entrehombres y mujeres, entre los propioshombres, y consigo mismo. Entre hombres y mujereses necesario reconocer las inequidades y promover condiciones que establezcanequilibrios con respeto a la diversidad y posibiliten la negociación de lasdiferencias en equidad de poderes.

Entre hombres, es necesaria la integración de ladiversidad de formas de ser en pro de la equidad de género: hombreshomosexuales, heterosexuales, bisexuales y transgéneros;adultos, jóvenes y ancianos; hombres de zonas rurales y urbanas; indígenas,no-indígenas y mestizos; trabajadores empresarios, miembros de organizacionesciviles, partidos políticos y funcionarios gubernamentales, haciendo que

esta diversidad de hombres pueda expresar de maneracomún opiniones públicas en pro de la democratización de género.

En este sentido, ya se han registrado algunosavances en los últimos años al realizarse encuentros de cooperación entrehombres en Nicaragua, Costa Rica, Bolivia, Brasil, México y Chile, los que hanreflexionado sobre el trabajo para la equidad de género con y entre hombres.Esta dirección de colaboración entre hombres no significa que necesariamente sedesarrolle un movimiento social de hombres, que genere necesidades comunes paraluego convertirlas en reivindicaciones que promuevan políticas públicas en unaespecie de vía paralela al movimiento de mujeres.Además de que esto nos podría llevar de 20 a 30 años, haciendo un cálculoconservador, las condiciones sociales son otras y están cambiando másrápidamente de lo que muchos quisieran (Gomáriz,2001).

Sin embargo, esto no excluye ni resta importancia aque hombres organizados en redes de cooperación puedan intercambiarexperiencias, generar conocimientos e incidir públicamente en políticas degénero. Lo estratégico será desarrollar un poder de convocatoria cada vez masamplio hacia hombres de diversa condición social que apoyen, de variadasmaneras, las estrategias de democratización y equidad de género. De especialinterés será convocar a funcionarios públicos, legisladores, empresarios ylideres comunitarios que tengan poder de incidencia en políticas públicas y enotros hombres.

En cuanto a una nueva relación de los hombresconsigo mismos, implica un nivel de trabajo desde la propia experiencia, quevincule el desarrollo de nuevas ideas, valores e interpretaciones, junto a unanueva y más cercana conexión con su núcleo emocional interno. La coherencia entreestas dimensiones subjetivas, integradas en la expresión corporal de su vidacotidiana será fundamental para establecer nuevas relaciones con otros hombresy mujeres.

A principios de los 90, cuando iniciamos trabajoscon grupos de hombres que reflexionaban sobre su condición de género, pensamosque el problema era que no se ofrecían espacios y que sólo bastaba abrirlospara que éstos se llenaran; tardamos algunos años en darnos cuenta que elproceso es mucho más lento y complejo que el esperado, aunque siempre encrecimiento de asistencia e interés por hombres en búsqueda de alternativas.

Un obstáculo que ha dificultado la inclusión de loshombres, es el relacionado al sentido de pérdida, pues incorporarse a esferasconsideradas hasta ahora espacios femeninos, como el reproductivo y eldoméstico, implica ir más allá de los miedos de atravesar los estigmas socialesy la presión de los grupos de origen. Miedos a la pérdida de valor social yprestigio en su comunidad, a la sanción social de otros hombres, a lamarginación, a la pérdida de identidad, y a la violencia simbólica y física.

Considerar los temores de los hombres y susdificultades subjetivas al cambio hacia relaciones más equitativas, esfundamental para sumarlos de manera sustantiva.

Por lo mismo, la convocatoria a los hombres paraacercarse a espacios de trabajo en pro de la equidad es clave: no puede seramenazante, aunque deben ser lo suficientemente clarosen su objetivo; también se deben conocer los códigos culturales, pues lostemores y amenazas varían en cada subcultura de hombres.

Otro aspecto importante es hacer visibles lasganancias del cambio, revirtiendo la lógica dominante de pérdida ydesvalorización. ¿ Qué ganamos con cambiar ? es un camino de sorprendentesrespuestas de las cuales ya algunos hombres son testimonios alentadores;conocer y compartir esas experiencias es fundamental para construir nuevosimaginarios sociales de masculinidad (Becerril, 1998). Esto se relaciona con laimportancia de contar con referentes simbólicos que representen alternativasdiferentes y vislumbren posibilidades de transformación que conjuren lostemores de pérdida de valor.

Por lo común, es muy difícil emprender estoscambios de manera aislada, pues la presión social y cultural es bastante fuertetodavía; por lo mismo, es importante contar con una red de apoyo de otroshombres y mujeres que respalden yalienten estos cambios. Esto da una importancia vital al valor de la vidacomunitaria de la mayoría de los países de la región y al involucramientode hombres en las convocatorias hacia otros hombres, fomentando complicidadespositivas a favor de la equidad.

De igual manera, hay que advertir que estos cambiosno son inmediatos y requieren de un proceso constante de reflexión,re-significación y aprendizaje que lleva un tiempo, en el cual no se puedenverificar salto espontáneo después de leer un libro, firmar una declaraciónpública o asistir a una sesión de grupo o taller de sensibilización. Consistemás bien en cambios progresivos que lleven a un cambio mayor, en un proceso deconstrucción hacia la equidad de género en nuestras vidas; camino complejo,pero muy satisfactorio. Se trata de continuar apoyando las acciones afirmativashacia las mujeres a través deltrabajo con hombres y de crear acciones afirmativas para los hombres a favor dela equidad.

FINANCIAMIENTO PARA EL TRABAJO CON HOMBRES: ¿COMPARTIR RECURSOS?

Hay sectores del movimiento de mujeres que mantienen una importante crítica ysuspicacia hacia el trabajo con hombres. Si bien estas críticas no han sidodesarrolladas de manera sistemática, se pueden escuchar comúnmente como partede los debates sobre la implementación de políticas de género en la región. Unode los aspectos expresados ha sido la expropiación o invasión de los hombres deun campo de reflexión y lucha que las mujereshan creado y mantenido para ellas durante más de tres décadas.

Otra crítica es que no existen las condicionessociales y culturales para generar los cambios necesarios en los hombres y queestos no están preparados para hacerlos. En esta misma línea se argumenta quehay un gran peligro en darle herramientas a los hombres que no saben cómo usary que esto propiciará una simulación para seguir manteniéndose en posicionesprivilegiadas de poder.

Otra crítica apunta a que no hay objetivosestratégicos claros en los proyectos y programas que se realizan con hombres,en relación a des-construir las bases de las

inequidades de género, lo que genera que algunasacciones sean consideradas irrelevantes al no considerar la raíz del problema.

Por último, una preocupación reiterada ha sido lorelacionado con los recursos asignados al trabajo con mujeresy su posible menoscabo para asignar esos recursos al trabajo con hombres dentrode un mismo fondo para el trabajo de género, cuestión que tiene importantesimplicaciones que trataré brevemente en el siguiente apartado.

A mediados de los 90 se hizo visible el interés dediversas agencias de cooperación internacional y fundaciones privadas,principalmente estadounidenses, por apoyar el trabajo con hombres en la región,con especial énfasis en la salud sexual y reproductiva; si bien apoyarondiversas experiencias basadas en la agenda de Cairo ‘94’ su interés en seguiraportando recursos se diluyó a fines de la década sin un debatereflexivo compartido con sus contrapartes y más bien como un cambio en ladefinición de prioridades estratégicas desde sus direcciones. Posteriormente,han sido algunas dependencias gubernamentales locales las que han comenzado afinanciar proyectos que involucran a los hombres, aunque de manera irregular ypequeña.

Ante este panorama y con el temor de iniciar unacompetencia por recursos como se hizo en algunos países desarrollados, algunasorganizaciones de mujeres hanretomado el punto. Por ejemplo el Foro Abierto de Salud y DerechosReproductivos de Chile, que agrupaba a diversos grupos de mujeres que participaron en Cairo ‘94, expresaronque "desde el punto de vista de los recursos, es necesario considerar quela implementación de acciones en este campo (participación y responsabilidadmasculina), no debe significar reducir la inversión en áreas vinculadas a lasalud de la mujer o la promoción demejoras de su condición en la sociedad" (Foro Abierto de Salud y DerechosReproductivos, 1999. Pág. 17).

Otro documento que recogía el debate de diversosgrupos de mujeres y analizaba lasituación de las políticas públicas de población a 5 años de Cairo ‘94,expresaba: "debe diseñarse, en consulta con las mujeres,políticas y programas sobre responsabilidad masculina y responsabilidad en lasalud y derechos sexuales y reproductivos. No obstante, tales iniciativas nodeberían desviar recursos vitales de programas dirigidos al empoderamientode mujeres y niñas" (HERA,1998, pág. 6).

Al parecer, hasta ahora el problema se expresa enun conflicto latente, pues todavía son pocos los recursos asignados al trabajocon hombres; sin embargo es posible que en un futuro se dé, por lo cual hay quecomenzar a abrir el debate, más aún porque forma parte del diseño mismo de laspolíticas públicas de género. Queda claro que apoyar las acciones afirmativas yprogramas prioritarios hacia las mujeressigue vigente y estratégicamente importante mientras se mantenga lasinequidades y la discriminación social y cultural que percibimos cotidianamenteen diversos ámbitos, corroborados por cifras del desarrollo social de nuestrospaíses. Por lo tanto, no podemos colocar las necesidades de los hombresformalmente de igual manera , en una realidad que no es; por consiguiente , esnecesario realizar acciones encaminadas a acortar, y, finalmente, terminar conesta discriminación, acciones que requieren prioridad en el debate y en losrecursos.

En las ultimas tres décadas las políticaseconómicas neoliberales y las restricciones del Banco Mundial y el FondoMonetario Internacional han profundizado el deterioro de las condiciones de lamayoría de la población de nuestros países y han sido un elemento que hainfluido en la reducción de presupuestos de desarrollo social, incluyendo losde género, colocándose como prioridades básicas el empleo, la alimentación y lasalud. Pero aún en tiempos de austeridad, ¿quién define en que se gasta elpresupuesto de género? Esta planeación de los presupuestos con repercusión enlas estrategias de equidad de género, muchas veces depende más de lasensibilidad de los ejecutivos en turno y de los legisladores que aprueban omodifican dichos presupuestos, que de análisis estratégicos que nos acerquen ametas de manera progresiva.

Durante décadas se contó con las propuestas ydenuncias de las organizaciones de mujerespara que se diseñaran y asignaran recursos a las políticas públicas de género.Producto de esos esfuerzos ha sido que en varios países actualmente se cuentecon órganos públicos de supervisión de esta función como las comisiones deequidad de género de los congresos, los programas o comisiones de la mujer, y aún más, los institutos de la mujer, los cuales han comenzado a tener algún gradode influencia en la asignación de recursos públicos, aunque todavía de maneralimitada.

En los mejores casos, la asignación de recursostodavía obedece a programas no-prioritarios para los gobiernos, y la llamada transversalidad del enfoque de género en las diferentessecretarías y ministerios es un deseo todavía esperado con una importantecarencia de voluntad de parte de los poderes ejecutivos de nuestros países (4).Dentro de lo posible, a través de los programas de igualdad de oportunidades ode equidad de género, los recursos destinados a la incorporación de los hombresson mínimos o inexistentes. Todavía no queda claro si a estas instancias lestoca invertir en el trabajo con hombres y si esa inversión afecta el de por siescaso margen de maniobra a favor de los programas destinados a las mujeres.

Una asignación de recursos al trabajo con hombrespodría iniciarse con montos del tamaño de un 5% o un 10% adicionales a losprogramas y proyectos de mujeres.

De lo que se trata es de ampliar y no deredistribuir los recursos existentes, de por sí insuficientes para laimplementación de las políticas públicas de género.

LOS RIESGOS AL INCLUIR A LOS HOMBRES

Hay varios riesgos detectados en los intentos porincluir a los hombres en los desafíos de la equidad y la democracia de género.Un primer aspecto a considerar es el de tomar esta inclusión de los hombres endemérito del trabajo con mujeres;esto ha sucedido principalmente con grupos conservadores que ven en el trabajocon hombres argumentos para rebatir y excluir las luchas del movimientofeminista y amplio de mujeres:"los hombres no son tan malos como los han mostrado". Esta posturaparcial y excluyente, no colabora a conformar un visión más integral de laequidad y puede ser fácilmente utilizada de manera política como un"avance", pero en el fondo implica un retroceso y un riesgo al novalorar la importancia del trabajo contra el sexismo hacia las mujeres. Para evitar esta vertiente es necesarioconocer el estado de las inequidades de género existentes y los programasdesarrollados en cada contexto local (5).

En un segundo aspecto, algunos programas dirigidoshacia los hombres han encontrado grandes resistencias. Uno de los aspectos máscomunes es la utilización de metodologías que generan culpa por las formasinjustas y opresivas en que los hombres se relacionan a nivel familiar ycomunitario. La culpa está acompañada de un gran sentimiento de vergüenza ydesvalorización que generalmente paraliza; este sentimiento no es constructivo,ni ofrece alternativas viables para las problemáticas concretas de los hombres;es posible, más bien, que genere resistencias y alejamiento.

Si bien es cierto que el silencio y la complicidadentre hombres ante la injusticia y la opresión de género son formas comunes,utilizar un abordaje que plantee responsabilidades colectivas, borra lasdiferencias entre los hombres y generaliza las causas de problemáticasespecíficas.

Otro riesgo tiene que ver con intervenciones quegeneran cambios de manera intelectual y discursiva, sin que ello se corroboreen las actitudes y conductas cotidianas. Como comentó atinadamente un asistentea un encuentro de hombres: "está el peligro de que ahora nostransformemos en ‘machos ilustrados’ y no cambiemos realmente (Becerril, 2002).

Esto está relacionado con aspectos centrales en laconstrucción de la identidad masculina dominante, como son los argumentos queapelan a la razón y utilizan el discurso como medio de poder y control. En estesentido hay hombres que promueven cambios en la forma que expresan y explicandiversas problemáticas de género, sin que esto sea suficiente para que tambiéncambien sus conductas. Por ejemplo, un programa de mujeresen México, reportó que algunos hombres cambiaban sus formas directas deviolencia, por formas intelectualmente más elaboradas y sofisticadas. (APIS,1998).

Lo anterior podría corroborar el temor de muchas mujeres a que algunos cambios sean formas desimulación que mantengan las inequidades y los privilegios masculinos; esdecir, que sean formas de reforzamiento del poder opresivo de los hombres.

Y por supuesto que es un riesgo real a tomar encuenta y una sospecha fundada, pues la confianza no puede darse de manerainmediata ni espontánea, sino que es parte de un proceso que se construye en lapráctica cotidiana.

Una forma de superarlo es integrando aspectos intelectualesy emocionales de las historias particulares de los hombres, evitando lasgeneralizaciones; también sería un buen antídoto darle un mayor peso a loscambios conductuales cotidianos y no sólo a los discursos pro-equitativos; también es imprescindible contar con laversión de las mujeres y de quienesse relacionan con los hombres, pues son testigos/as y quienes se afectan obenefician de los cambios sustanciales de esos hombres.

Por último, un aspecto relacionado a los riesgos desupuestos cambios en los hombres está relacionado a asumir conductas que enapariencia tienen "buenas intenciones", pero que en la práctica nodejan de ser formas de dominación. Expresiones como "dar permiso","dar chance", "permitir","tolerar", "autorizar", etc. Son expresiones quefrecuentemente denotan una actitud paternalista, que no deja de colocar a loshombres que las utilizan en una posición de superioridad frente las mujeres. No se trata de "dar", desdeafuera, la oportunidad para el desarrollo equitativo de las mujeres; sino de involucrarse desde adentro en la co-responsabilidad por generar las condiciones paraestablecer relaciones de equidad. Esto implica moverse de las posiciones quelos hombres ocupamos y que reproducen las inequidades; es decir, implica unaactitud pro-activa que modifique las percepciones y conductas hacia si mismos yhacia las/os demás.

NOTAS:

(1): Igualmente las principales instituciones delas sociedades latinoamericanas como el ejército, la

iglesia católica, la escuela, el sistema médico desalud, el sistema judicial, han sido organizadas con esta concepción de poderautoritario masculino.

(2) En México, las muertes violentas constituyen lasegunda causa de muerte entre hombres adultos a nivel nacional y, según la OPS,la violencia estructural ocasiona más del 20% del gasto total en salud enLatinoamérica.

(3): Por ejemplo, los accidentes generalmente vanprecedidos de experiencias de miedo ante condiciones peligrosas; sin embargo,como el miedo es una emoción reprimida y mal vista en los hombres, no se lehace caso y terminan en una tragedia que se repite en la mayoría de nuestrospaíses como la primera causa de muerte en hombres adultos entre 25 y 34 años.

(3): Un ejemplo concreto es la problemática de ladelincuencia en la Ciudadde México, donde de 22 mil reclusos en las cárceles, solo un poco más de milson mujeres, sin embargo no hay mucho interés en programas con un enfoque degénero dirigidos hacia la prevención y la readaptación social de los hombres;es decir, se invisibilizan las causas relacionadas ala forma en que se construyen y reproducen las identidades de género.

(4): De funcionarios en su mayoría hombres queutilizan formas de hacer política y de gobernar todavía bastante masculina.

(5): Sobre todo en atención a la violencia degénero, es imprescindible la existencia a priori de programas con mujeres para poder establecer programas de trabajocon hombres o mixtos; de lo contrario, se coloca en riesgo la atenciónprioritaria y la seguridad hacia ella.

BIBLIOGRAFÍA

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