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Espectáculos eróticos de y sólo para mujeres, cavilando entre el carnaval y la cuaresma
Las políticas públicas que se conciben con el ánimo de ordenar las prácticas sexuales obligan a un desafío que reposa en algunas interrogantes casi tan provocadoras como inminentes: ¿Por qué regular las actividades eróticas y sexuales? ¿Por qué si el sexo es considerado una actividad prioritariamente privada y ajena a intromisiones en nuestra sociedad, recibe cada vez mayor atención por parte de diversos grupos de poder, académicos, partidos políticos, ONGs, instituciones eclesiásticas, medios de comunicación, dependencias de gobierno, organismos de salud pública y la sociedad en su conjunto? "Por qué la existencia de un Estado interventor que se involucre en cuestiones privadas, de intimidad, y personales de los individuos? ¿Por qué la regulación sexual es materia de preocupación colectiva y de tratopúblico, y no de interés particular y de trato privado".
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(Roemer, 1998) Adelantemos un par de respuestas y podremos decir que la razón estriba en que la sociedad mexicana ha cambiado y, junto con ella, sus idiosincrasias sexuales y eróticas, sus ofertas y demandas lascivas también. Requiere de la instrumentación de políticas públicas para darprotección a los infantes (turismo sexual), para proveer dignidad a quieneslaboran en actividades exóticas como gusta (llamarle a algunos), y porqué una sociedad más democrática supone el reconocimiento jurídico de lasminorías y sus preferencias en el disfrute del sexo.
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El siguiente texto tiene como propósito problematizarlas actividades y espectáculos eróticos a partir de de dos aspectos de naturaleza distinta: 1) El nuevo esquema de crecimiento económico y su relacióncon lo público y lo privado, y; 2) La emergencia de la pandemia del sida y suafección en las prácticas de la sexualidad. Así pues, este trabajo intentaría responder a la interrogante: ¿Si los rubros señalados han contribuido en modificar las ofertas y demandas eróticas de una sociedad menos atávica y mássecular y,- en caso de que así sea-, si esto ha supuesto algún diseño de política pública, todo esto a partir de la segunda mitad la década de losochenta en México?
Sí en este trabajo consideramos, tanto al modelo económico como a la aparición del SIDA como variables, podríamos definir entonces una hipótesis previa dela que partimos: El modelo de crecimiento instrumentado durante la década delos ochenta, supuso un incremento en las ofertas de bienes y servicios allendelas fronteras pero, también, una semántica distinta de lo público y lo privado;esto significó entonces modificaciones en los hábitos y demandas de lasactividades sexuales y eróticas. Es decir, las idiosincrasias en el consumo se vieron afectadas al arribo de un esquema económico que tenía su razón de ser en el capital privado y en el mercado internacional. 2 Sin embargo, esto es explicable siempre y cuando atendamos otra variable de carácter exógeno quemodificó con mucho las ofertas, actividades y la cultura de la sexualidad yerótica en todo el mundo: los temores endémicos que desató una enfermedad de transmisión sexual: el sida.3 (Richardson,1990)
La pertinencia de esta investigación podría ser relevante en la medida en qué devela un agregado de males públicos hacia los que no se han instrumentadomedidas gubernamentales. Es decir, se ha decidido no decidir, y en ladisciplina de las políticas públicas esto merece una valoración de costo – beneficio. 4(Aguilar Villanueva, 1992) En este sentido aquí conviene instalar una aseveración debido a su fuerte relevancia social: En
México, en las últimas dos décadas, han aparecido practicas y ofertas eróticas que – en algunos casos- se han vuelto una industria, a pesarde que esto significa un problema de salud pública y atenta contra la dignidadde las mujeres.
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Las pesquisas que se desataron a raíz de dar respuesta a la hipótesis previa, como se ha dicho líneas atrás, permitieron ciertos hallazgos que conviene tener presentes de antemano.
Los "hallazgos" que se encontraron son de distintas naturaleza. Habrán de registrarse en términos contextuales y no sólo textuales. Es así que estas nuevasactividades y ofertas eróticas sólo pueden explicarse siconsideramos el contexto en el que reposan. Por una parte el proceso deglobalización y los impactos culturales que dicho proceso significa 5 y, porotro; la ola de la filosofía neoconservadora de amplio alcance. Este neoconservadurismo tuvo a sus más conspicuos militantes a RonaldReagan, en Estados Unidos y a Margaret Tatcher, en el Reino Unido. La crisis del Estadoasistencia abrió la puerta y "dio sentido" a una ideología beligerante en el que la moral (su moral) tenía un fuerte peso específico. 6 (Habermas, 1984)
Pero,también concretamente para el expediente mexicano se evidenciaron algunos elementosdomésticos. En primer lugar, aquel referido a las nuevas actividades económicasy que -como se ha señalado en la hipótesis previa- es posible explicarlas a partir del nuevo modelo de crecimiento hacia fuera. De súbito, junto conlas modas y ofertas eróticas americanas, se instalaron franquicias del país vecino a México en donde espectáculos de topless (con table dance) encontrarían un jugoso mercado.
Estas nuevas franquicias comenzaron a operar en medio de un limbo jurídico, ya queningún ordenamiento legal contemplaba este tipo de ofertas eróticas, a pesar deque este espectáculo en ciernes ya funcionaba desde hacia algunos años. Así,los vacíos institucionales son indispensables para la explicaciónde los males públicos desatados a partir del arribo de las nuevas actividades y ofertas eróticas.
Lo curioso es que hace apenas unos meses se llevó a cabo en la Ciudad de México una feria popular en la que se exhibieron materiales pornográficos y se publicitaron abiertamente servicios y prácticas eróticas. Es decir, aquello que las autoridades se han rehusado a reconocer jurídicamente. Contra lo esperado, estaferia rebasó con creces todas las 4 expectativas que se tenían contempladas. A pesar de que se advertía en taquillas que en esta exposición no se exhibían desnudos explícitos, esto no fue un motivo suficiente para desanimar la fuerteafluencia. No se registraron percances en este recinto lascivo. Y a pesar deque era evidente la inexperiencia de este tipo de ferias en la sociedad de la Ciudad de México, mujeres yhombres hicieron largas colas para adquirir todo tipo de parafernaliaseróticas. El civismo y la tolerancia prevalecieron en todo momento. El marcoinstitucional que se registró en los asistentes, quizá no ha sido del todoconsiderado o comprendido por los hacedores de las políticas públicas, en loque a asuntos de moral pública se refiere.
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Las conclusiones amplias a las que llega este trabajo son a que: por un lado,existe un fuerte temor por parte de los gobernantes a la discusión en torno atemas eróticos que siempre suponen un asunto de moral pública. Lo que en sulectura son expedientes siempre espinosos con un fuerte riesgo de capitalpolítico para los decisores de las políticas. Esdecir, le podría suponer un alto costo y un beneficio incipiente. Expedientessusceptibles de ser efervescentes y provocar indeseados clivages morales.
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Pero, por otro lado, la sociedad ha cambiado drásticamente y una democracia también supone el reconocimiento de las diferencias prevalecientes en las ofertas, demandas y los perfiles de sus ciudadanos. Una sociedad menos atávica y más secular exige una mayor apertura y reconocimientos jurídicos a sus distintas preferencias. Sin embargo, no se han instrumentado políticas públicas que respondan y den cobertura a estas nuevas demandas y que promuevan la toleranciaa las preferencias eróticas distintas.
Pero además en el sentido apenas mencionado, ciertos espectáculos eróticos se han estropeado y reflejan la relajada y nimia institucionalidad que priva en México. El asunto de los table dance esaleccionador. En lugar de haber sido una oferta en la que por el lado de la demanda, no pusiera en riesgo a la salud pública al no existir penetración, másbien ha fomentado y multiplicado la prostitución. En el otro sentido, elespectáculo con table dance ha sido también un mal público, ya que no ha podido ser una opción –éticamente viable-para las oferentes. Las mujeres que laboran en estos giros no han logrado realizar una actividad que les dignifique más que el ejercicio de laprostitución. La manera de 5 desempeñar esta actividad es indigna para quienesla realizan, pues el contacto físico excesivo violenta su autoestima.
La primera feria erótica también merece una explicación por la acción colectiva que evidenció. El México urbano esta compuesto por ciudadanos a los que sus derechos, eventualmente se les percibe como imaginarios, 9 (Escalante, 1992) sino al contrario, lo que parece imaginaria es la agenda que les ofrezca un espacio a sus demandas eróticas.
El criterio de verdad con el que intentaremos construir estos argumentos esconocido como nuevo institucionalismo, 10 ya que nos permite una reflexión en donde la categoría de marco institucional resulta determinante y lo suficientemente flexible para el diseño de explicaciones nocomprometidas a una sola disciplina.
Seutilizaron fuentes bibliográficas, hemerográficas y fuentes directas. De estas últimas se consideraron el expediente de los table dance, el boom de los espectáculos masculinos para mujeres, y las primeras ferias eróticas que se han llevado a cabo en la Ciudad de México.
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