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Hoy es Martes 07 de Septiembre de 2010

Mujeres, desarrollo sustentable y seguridad alimentaria

Reflexión desde una perspectiva de desarrollo sustentable con enfoque de género, acerca de la  importancia del trabajo de las mujeres rurales en la producción de alimentos.

 

Una gran aspiración y reto del desarrollo sustentable es la seguridad alimentaria, esto es, garantizar que los seres humanos obtengan de manera cotidiana los nutrientes básicos para vivir, lo cual sólo es posible a través de la producción, distribución y acceso a los alimentos sanos y en condiciones de equidad.

 

Lograr estaaspiración no es fácil. La seguridad alimentaria se ve amenazada por numerosos factores, entre otros: la pobreza extrema, la contaminación ambiental, el deterioro de los recursos naturales, el agotamiento de la fertilidad de la tierra, los altos costos de producción, los complejos sistemas decomercialización y la insuficiencia de programas de apoyo al sector alimentario.

 

En este marco, los efectos de la inequidad y discriminación de género son considerables, y no se circunscriben a la distribución de roles y al hecho de que las mujeres sean quienes preparen los alimentos para la familia.

 

Tradicionalmente las unidades familiares campesinas realizan múltiples actividades económicas para obtener ingresos y satisfacer sus necesidades básicas. Combinan la producción agrícola y pecuaria con actividades artesanales, de recolección, comercio,etcétera, todo ello en pequeña escala y con base en la organización del trabajo familiar, que incluye la participación dinámica de hombres y mujeres de distintas edades.

 

Lasmujeres son responsables de llevar a cabo el trabajo doméstico, el cuidado de la familia y la educación de los hijos; una tarea relevante para cumplir con este papel es cocinar, no sólo para su familia, sino para la comunidad.

 

Las mujeres son responsables de abastecer alimentos vía la recolección de plantas y hongos comestibles con los cuales complementan la dieta familiar. Son las encargadas de manejar la economía de traspatio, es decir, de criar animales y producir hortalizas en el solar, para el consumo doméstico o la venta.

 

A lo anterior se agregan las tareas propias del ciclo agrícola en la siembra, en el cuidado y en la cosecha de la parcela familiar, y en muchos casos su trabajo como jornaleras. Cada vez es más fuerte su participación en el trabajo productivo y generador de alimentos, sobre todo por la pérdida de fertilidad de los suelos y el incremento del fenómeno migratorio.

 

Cuando las mujeres tienen la oportunidad de acceder a los programas que aportan recursos económicos a proyectos productivos, la mayoría de éstos se orientan a la producción y abasto de alimentos en pequeña escala (huertos, granjas, tortillerías,tiendas comunitarias, etc.).

Según la FAO, las mujeres de los paísesen desarrollo producen del 60 al 80 por ciento de los alimentos. Sin embargo, no existe el reconocimiento social ni económico a las labores realizadas; al contrario, su aportación es relegada y no deja de ser considerada como una simple ayuda o complemento del trabajo masculino.

 

Para ubicar el peso de la aportación de las mujeres rurales a la seguridad alimentaria, es necesario observar la diversidad e intensidad de las labores que desempeñan en los espacios doméstico, productivo y comunitario, que en diferentes épocas del año llegan a representar hasta 18 horas de trabajo porcada jornada.

 

A pesar deque la participación de las mujeres tiene un amplio espectro y de que sus cargasde trabajo y responsabilidades van en aumento, no han mejorado sus niveles de bienestar y calidad de vida. Las mujeres siguen quedando al margen de las decisiones y de los beneficios: no tienen la propiedad de la tierra, no deciden qué y cómo sembrar, no reciben créditos suficientes y son menos favorecidas por los programas públicos que los hombres, en cantidad y calidad de los recursos.

 

El trabajo desarrollado por las mujeres para garantizar el abasto familiar cobra mayor relevancia, ya que los esfuerzos –aunque no los resultados- se multiplican continuamente, toda vez que persisten concepciones y prácticas sociales que restringen sus oportunidades para el uso, manejo, toma de decisiones y beneficios relacionados con acceso a los recursos naturales, productivos, financieros y organizativos.

 

Esta asignación de roles y actividades diversas también determina la relación que tienen hombres y mujeres con la naturaleza, la cual está basada en el uso diferenciado que hacen de los recursos naturales y en el conocimiento que tienen de los mismos.

 

Sin embargo, no sólo basta con conocer su relación con los recursos naturales y las formas en que los manejan; es necesario identificar las formas de expresión de las relaciones sociales entre hombres y mujeres, ya que éstas determinan el acceso y control de los recursos (en especial de la tierra), además de los beneficios que se generan por su uso.

 

Un ejemplo que nos puede ilustrar es el testimonio de una mujer de la región lacustre en Michoacán: "le he dicho a mi esposo que la venta de los borregos se debe hacercuando están más grandes y más gordos, pero él decide venderlos chiquitos y nos pagan menos. Yo no puedo decidir cuándo se venden porque él es el dueño, yo sólo los cuido".

 

Muchos programas dirigidos al fomento de la producción agropecuaria establecen como condición para autorizar la asignación de los recursos, la titularidad de la parcela, lo que ha propiciado la exclusión de las mujeres que no poseen tierra de las políticas de desarrollo.

 

Asimismo, la asignación de roles de género, lleva a que se limite su acceso a los servicios de información y capacitación, que ayudarían a mejorar sus actividades productivas, a promover el reconocimiento social de su contribución a la seguridad alimentaria y a diseñar propuestas que recojan sus necesidades específicas.

 

La seguridad alimentaria se ve amenazada por las desigualdades de género debido a que las condiciones en que las mujeres participan en este esfuerzo son insostenibles y altamente vulnerables en un contexto de deterioro ambiental y de feminización de la agricultura, de las jefaturas de familia, pero también de la pobreza.

 

Por lo tanto, es necesario generar propuestas que reconozcan las formas específicas de relación de las mujeres con los recursos naturales, para sustentar estrategias que posibiliten y fortalezcan el acceso, en condiciones de equidad, a los espaciosde toma de decisiones, a los servicios de educación, capacitación y obtención de recursos, con el fin de mejorar los procesos de producción y distribución de alimentos.

 

En otras palabras, se trata de conocer quién hace qué, para con ello mejorar el desarrollo de hombres y mujeres, de las familias y las comunidades, a través de acciones que permitan promover la equidad y que tiendan a eliminar las desigualdades y la discriminación, basada en el género.

 

La seguridad alimentaria es un problema del desarrollo y éste debe ser concebido desde una perspectiva sustentable que permita el mejor aprovechamiento de los recursos naturales y asegurar este patrimonio para las generaciones futuras.

 

La dimensión de sustentabilidad implica generar propuestas integrales con un sentido de equidad, tanto en el acceso a los recursos, como en la producción de alimentos, y por supuesto en la distribución de los mismos.

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